
El mundo ha terminado, pero su viaje acaba de empezar.
La treintañera Zoe lleva una vida normal hasta que llega el fin del mundo. Es la encargada de limpiar las jaulas y el suelo de la Farmacéutica Pope cuando el presidente de los Estados Unidos anuncia que los seres humanos ya no son una especie viable. Cuando Zoe se da cuenta de que todo el mundo a quien ama está desapareciendo, comienza a funcionar. Asustada y sola en un mundo terriblemente cambiado, se embarca en un extraordinario viaje de supervivencia y rescate. Por el camino, Zoe llega a entender que los seres humanos no se definen por su código genético, sino por sus acciones y decisiones. White Horse ofrece esperanza para un mundo roto, donde el amor puede llevarte a los lugares más inesperados.
Esta siendo traducido actualmente en Purple Rose en cuanto este listo lo subo
Prólogo
Traducido por Alina Eugenia
Fecha: En ese entonces.
Mírame: yo no quiero que mi terapeuta piense que estoy loco. Que la mentira salga de mi lengua sin tropezar con mis dientes es un milagro.
—Soñé con la vasija anoche.
—¿De nuevo? —preguntó él.
El cuero rechina debajo de mi cabeza cuando asiento.
—¿Exactamente la misma vasija?
—Siempre la misma.
Hay una ralladura mientras empuja su pluma sobre el papel.
—Descríbemelo, Zoe.
El Dr. Nick Rose y yo hemos hecho esto una media docena de veces. Mi respuesta no cambia nunca y, sin embargo, yo le doy el gusto cuando pregunta. O tal vez él me lo da a mí. A mí porque estoy atormentada por la vasija, a él porque tiene un barco que comprar.
Los cojines del sofá se pliegan debajo de mí mientras me inclino hacia atrás y lo absorbo de la manera en que uno bebe esa primera taza de café por las mañanas. Pequeños sorbos, saboreando. Él llena el confortable sillón de cuero desgastado. Su cuerpo lo ha pulido a un brillo suave que es calmante a los ojos. Sus grandes manos se desgastan en el trabajo que no tiene lugar en esta oficina. El pelo muy corto, fácil de mantener. Sus ojos son oscuros como los míos. Su pelo, también. Hay una cicatriz en su cuero cabelludo cuya mirada no puede alcanzar en el espejo, y me pregunto si sus dedos bailan sobre ella cuando está solo o si él es aún consciente de su presencia. Su piel es morena; puertas adentro no es su defecto. Pero, ¿dónde lo pongo? Quizás no en un barco. Tal vez en una motocicleta. La idea de él a horcajadas en una motocicleta me hace sonreír por dentro. Lo mantengo escondido allí. Si dejo que se deslice a mis labios, me preguntará acerca de eso. Y a pesar de que le cuento todos mis pensamientos, no siempre comparto mis secretos.
—Crema quemada. Si fuera un color de pintura, es así como lo llamarían. Es como... fue hecho para mí. Cuando me acerco en el sueño, hay una perfección en el ángulo de los brazos mientras trato de agarrar las asas. ¿Alguna vez tuvo al niño en la escuela cuyas orejas sobresalían así? —Me siento recta, meto el pelo detrás de mis orejas y las empujo hacia adelante en ángulos dolorosamente rectos.
Su boca se mueve. Él quiere sonreír. Puedo ver su debate: “¿Es profesional reírme? ¿Interpretará esto como acoso sexual?”
Ríete, quiero decirle. Por favor.
—Yo era ese niño.
—¿De veras?
—No. —Su sonrisa se libera y por un momento me olvido de la vasija. No es ni grande ni perfecta, pero la hizo para mí. Me encuentro llena de un millón de preguntas, cada una diseñada para probarle la forma en que me busca.
—¿Tienes un sueño recurrente? —pregunto.
La sonrisa se desvanece.
—No los recuerdo. Pero estamos hablando de ti.
Bien. No vayas a darme un descanso.
—La vasija, la vasija. ¿Qué más decirte sobre la vasija?
—¿Hay alguna marca?
No necesito parar y pensar, lo sé.
—No. Es antigua. —Mis hombros duelen por la tensión—. Eso es todo.
—¿Cómo te hace sentir?
—Aterrorizada. —Me inclino hacia delante, con los codos presionando un hueco en mis rodillas—. Y curiosa.
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